En tiempos de Covid-19

En tiempos de Covid-19

Hace apenas una semana no encontraba momento ni hueco libre en el que ponerme a escribir en este blog. Ahora me sobra y, aunque siempre pensé que mi primera entrada aquí versaría sobre feminismo, ahora resulta que quieren salir a relucir otras facetas mías. Y es que no puedo dejar de  imaginarme cómo cambiará nuestra vida una vez que este chaparrón llamado coronavirus haya cesado (que cesará).

Hasta ahora lo que puedo afirmar, y hasta sentir, es que somos seres fundamentalmente sociales. No sé si también os pasa pero durante los primeros días de este encierro tengo una especie de ansiedad social, ansiedad por estar en todo momento en contacto  (mensajes, videollamadas…) con las personas de mi entorno, especialmente con mis amistades y  mis compañeras de trabajo.

Es una sensación muy extraña que estoy aprendiendo a gestionar… Es como si necesitara que supieran que estoy ahí, es un miedo irracional a caer en el olvido. Lo curioso es que esa necesidad de estar conectada de forma constante, de las notificaciones permanentes en los grupos de WhatsApp, me provoca ansiedad también. 

Volviendo al “después de”, hay también en mí una parte de preocupación por adaptarse a un entorno social que debería, tal vez no de forma permanente pero sí temporal, diferenciarse en algunos aspectos de lo que hace apenas unos días conocíamos.

Entiendo que se verán afectadas las relaciones sociales; la forma despreocupada de juntarnos con nuestra gente, la evasión de las concentraciones o de los lugares concurridos, incluso la desconfianza en las actividades o citas que requieran contacto físico. Por no hablar del impacto en la economía o las políticas públicas. 

Está claro que nos encontramos ante un escenario totalmente desconocido. Preocupa ante todo la emergencia sanitaria. Nos preocupa nuestra situación laboral, para la mayoría confusa o inestable. Creo que sería imposible contar las veces que he dicho o escuchado en estos últimos días la palabra ERTE. “¿Qué derechos tengo? ¿Cómo afectará esta crisis al consumo? ¿Al turismo? ¿A la economía?”. El Estado de bienestar, por el que tanto se ha luchado, palideciendo ante el patógeno. 

Y aún así, no todo es negativo. En sólo unos días se manifiesta en nuestro espíritu un valor extraordinario, un amor conmovedor por la institución de la familia, la más importante, nuestra primera fuente de enseñanza. Surgen sentimientos de protección, de apoyo. Conservar las relaciones, los hábitos y las ocupaciones se presenta como fundamental, pero la experiencia  vaticina que el statu quo se encuentra en estado crítico y que el cambio social es, desde mi punto de vista, inminente. 

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