Diversidad como bandera

Diversidad como bandera

En Afectividades tenemos una premisa: la sexualidad es diversa y ninguna forma de relacionarse o vivir la intimidad debe de ser hegemónica. ¿Pero qué queremos decir con ésto?

Hacer una definición concreta de sexualidad resulta realmente complicado. La OMS define la sexualidad como “un aspecto central del ser humano, presente a lo largo de su vida y que abarca el sexo, las identidades, el erotismo, el placer, la intimidad, la reproducción y la orientación sexual”. Estas características varían de un ser humano a otro, de ahí que defendamos que la sexualidad es diversa. Tan diversa como personas hay en el mundo.

Sin embargo, socialmente se ha transmitido la idea de que la sexualidad se basa en el coitocentrismo. Sexo (como sinónimo de coito) y sexualidad parecen estar unidos por un hilo indivisible. Sin embargo, la sexualidad no depende en absoluto del acto sexual.

La sexualidad es nuestro deseo, nuestras prácticas, nuestra forma de vivir la vida, nuestras conductas y un largo etcétera. Y todo esto se nos ha enseñado bajo una sociedad que nos dice como debemos vivirla, especialmente a las mujeres.

Desde que somos pequeños/as la sociedad nos avasalla con miles de discursos que nos indican cómo debemos de ser, cómo debemos de comportarnos y como debemos de guiar nuestras relaciones, especialmente si estas relaciones son relaciones sexo-afectivas. Se nos indica constantemente que el amor debe de ser el elemento principal para establecer parejas, que el sexo es un elemento fundamental de unión, que las relaciones deben de ser heterosexuales y que el último fin de las personas es el matrimonio y la reproducción. Esto último es lo que consideramos la hegemonía, es decir, la sexualidad hegemónica impuesta por la sociedad y que se basa en cuatro conceptos: el amor, el heterocentrismo, el coitocentrismo y la monogamia.

Y, sin duda, salirse del esquema anterior significa que todo lo contrario a eso será objeto de estigmatización y condena. La sociedad, por lo general, mira las sexualidades que se descarrilan con sospechas, se consideran malas o poco válidas. Cualquier conducta erótica que se salga de la normatividad (por ejemplo, el BDSM) será rechazada por la mayoría de las personas que nos rodean, haciendo que este tipo de expresiones se oculten y encierren en la intimidad de los individuos.

Por eso, desde Afectividades creemos que es importante dar a conocer las alternativas subversivas a la hegemonía imperante, para fomentar la normalización de la diversidad en todos los ámbitos de nuestras vidas como un elemento de cohesión y no de separación, para que todas las personas que se salen de la norma (que no son pocas) tengan su espacio de visibilidad en la sociedad y así poder acabar con los tabúes, los prejuicios y los estigmas que llevan acechando a este tipo de vivencias desde el que se asentaron el cristianismo y el capitalismo.

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