Desamortil. Relaciones en pleno s.XXI

» Seguramente conoce usted la famosa teoría de que, en la sociedad comunista, la satisfacción del impulso sexual, de la necesidad amorosa, es algo tan sencillo y tan sin importancia como “el beberse un vaso de agua”. Esta teoría del vaso de agua ha vuelto loca, completamente loca a una parte de nuestra juventud. (…) Engels ha demostrado la importancia que tiene el que el instinto sexual fisiológico se haya desarrollado y refinado hasta convertirse en amor sexual individual.(…) El querer reducir directamente a las bases económicas de la sociedad la transformación de estas relaciones, aislándolas y desglosándolas de su entronque con la ideología general, no sería marxismo, sino racionalismo. Es evidente que quien tiene sed debe saciarla. Pero, ¿es que el hombre normal y en condiciones normales, se dobla sobre el barro de la calle para beber en un charco? ¿O, simplemente, de un vaso cuyos bordes conservan las huellas grasientas de muchos labios? Pero, todavía más importante que todo esto es el aspecto social. Pues el acto de beber agua es, en realidad, un acto individual, y en el amor intervienen dos seres».

Clara Zetkin

» Como comunista, yo no tengo la menor simpatía por la teoría del vaso de agua, aunque se presente con la vistosa etiqueta de “emancipación del amor”. Por lo demás, esta pretendida emancipación del amor no es ni comunista ni nueva. Como usted recordará, es una teoría que se predicó, principalmente, a mediados del siglo pasado en la literatura con el nombre de “libertad del corazón”. Luego, la realidad burguesa demostró que de lo que se trataba era de libertar no al corazón, sino a la carne.»

Lenin

Hoy, día de San Valentín, he decido publicar el primer post de este año. Advierto a las personas que me están leyendo que no busquen nada científico en estos párrafos, pues es un post basado en reflexiones y experiencias personales.

Quien me conozca sabe el especial interés que tengo desde hace muchos años sobre la diversidad afectivo-sexual. Esa curiosidad me ha hecho investigar sobre los diversos tipos de relaciones no convencionales y conocer, de primera mano, las relaciones no-monógamas. Literalmente, he estado enterrada entre libros de Coral Herrera, traducciones de Miguel Vagalume, Brigitte Vasallo, Alexandra Kollontai… Que si amor libre, que si deconstrucciones del amor romántico, que si sociedad líquida…. un sinfín de conceptos que este verano estallaron por los aires.

Desamortil es el título de una canción que me recomendó mi amiga Marina para paliar nuestro “mal de amores”. Marina, al igual que un montón de amigas más, y yo misma hemos visto como este año se han truncado nuestras relaciones afectivas por unos meses o para siempre. Como diría Coral Herrara éramos unas sufridoras del amor. Creamos hasta grupos de ayuda mutua, que consistían básicamente en ofrecer apoyo emocional y dosis de risa, para así olvidar a nuestras respectivas parejas. A pesar de la poca creencia que teníamos todas en ese mito del amor romántico, que nos dice que el amor es para siempre, estábamos rotas por la nueva normalidad que nos había toda vivir.

A mí esa ruptura temporal me hizo reflexionar un montón sobre cómo la sociedad actual estaba enfocando las relaciones. Creyéndome Bauman comencé a hacer una crítica personal de cómo el neoliberalismo nos está convirtiendo en unos seres totalmente individualistas.

He sido una persona que a lo largo de mi vida he experimentado todas las formas de “amor” posible. Desde el sexo casual sin compromiso, creyéndome que eso me empoderaba, hasta una relación tóxica/romántica que me hizo caer en un sinfín de inseguridades. Pero, sin duda, nunca me he sentido tan asustada como hasta ahora.

Somos la generación de la superficialidad, del consumo y la de la fragilidad de los vínculos. ¿Qué algo no nos gusta? No pasa nada, tenemos a nuestra mano los match en las apps de sexo y los dichosos pings de Instagram, que nunca fallan para ayudarnos a desechar nuestros sentimientos.

El capitalismo nos ha vendido una idea de libertad amorosa que lo único que está haciendo es crear un consumo de cuerpos humanos que solo favorece al patriarcado. Da igual el tipo de relación que tengas, sea monógama o no monógama, ninguna de estás formulas debe de primar el individualismo de la sociedad.

Debemos reflexionar un montón sobre cómo estamos construyendo los vínculos actuales. A las mujeres desde el capitalismo se nos vende como empoderante el establecer vínculos frágiles y sin compromiso, y no nos estamos dando cuenta de que lo único que estamos haciendo es seguir perpetuando el patriarcado y las conductas tóxicas de muchos hombres. Recordad que no hay nada más empoderador y revolucionario que la lucha, los cuidados y los afectos y que, en las relaciones, las personas no tienen que ser ningún producto de consumo.

Estoy agotada de ver como a mi alrededor se crean relaciones de usar y tirar, donde solo se crean vínculos temporales, sin apego y totalmente desechables, bajo la propaganda neoliberal de libertad sexual. Harta del del ligoteo temporal que patrocinan las redes sociales y las apps mercantilistas para ligar. Hastiada de que tratemos a las personas como simples números y trofeos. Cansada de que cada mes, determinadas personas (yonkis de las relaciones) encuentren el amor de su vida en una persona diferente y en la fácil sustitución que hacen de las personas con las que establecen vínculos, puesto que es más fácil engancharse a la falsa felicidad transitoria de lo nuevo, que a la revolución de luchar por mantener unos vínculos estables y de calidad. Recuerden que lo realmente revolucionario y anticapitalista en esta sociedad líquida y frágil es el enamorarse todos los días de una misma persona (o dos, o tres) sin necesidad de reemplazar constantemente.

Una vez mi amiga Oriana me dijo “parece que por querer renunciar al amor romántico nos pasamos de frenada” y, la verdad, no puede tener más razón. Pasamos de estar sometidas a una cultura que nos empujaba a ser felices única y exclusivamente a través de los vínculos, aguantando violencias y sometimientos, a una cultura en dónde no nos ata nada, solo el patriarcado. ¿Hasta dónde estamos dispuestas a seguir ayudando al patriarcado a someternos en base a todas las teorías del amor?

Recuerden, chicas: no hay mejor amor que el amor propio y aquel que te ofrece cuidados y estabilidad emocional. Luchen, revoluciónense, y, sobre todo, quiéranse y quieran bien.

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